A tu propio riesgo: la tiroides y tóxicos ambientales

Pocos de nosotros damos mucha importancia a la glándula tiroides. Este órgano en forma de mariposa en la base del cuello es el que nos mantiene con energía y mantiene nuestro metabolismo tarareando sin problemas. La tiroides también guía el crecimiento y el desarrollo del cerebro, a partir del día de la concepción. Sin embargo, es vulnerable a las toxinas en nuestro medio ambiente. Varios estudios han relacionado los trastornos de la tiroides a los productos químicos industriales, plaguicidas, herbicidas e incluso a los compuestos antibacterianos que ahora se encuentran en los jabones y cremas dentales.

Esta glándula exquisita está perfectamente diseñada para mantener las hormonas tiroideas en el nivel correcto para controlar la cantidad de energía que tenemos. Cuando los niveles disminuyen, nos fatigamos, estamos lentos y con poca claridad de pensamiento. Si los niveles son demasiado altos, nuestra mente corre, nuestros corazones se aceleran, y nos sentimos irritables.

¿Qué es la tiroides?
La glándula tiroides controla el nivel de energía, la temperatura corporal, el metabolismo, el desarrollo y el crecimiento. Excreta hormonas que pueden viajar a cualquier parte del cuerpo, incluyendo el cerebro, donde pueden afectar el estado de ánimo.

Problemas con la tiroides suelen dar lugar a muy poca o demasiada producción de hormona. Una tiroides hiperactiva (hipertiroidismo) puede causar nerviosismo, pérdida de peso, latidos acelerados del corazón y una sensación de estar demasiado caliente. La falta de actividad (hipotiroidismo) causa cansancio, aumento de peso, pérdida de memoria, depresión y reducción de la fertilidad. Dado que las hormonas tiroideas regulan el desarrollo del cerebro en el útero, los niveles bajos de tiroides durante el embarazo pueden tener efectos duraderos en el comportamiento y el coeficiente intelectual de un niño.

Mantener la tiroides en equilibrio es importante para todos, pero es quizás más importante para las mujeres en edad fértil. Las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrir de problemas de tiroides. Esto es especialmente cierto después del parto, pues alrededor de un 5 por ciento de las mujeres, producen demasiadas o muy pocas hormonas. Alrededor de un tercio de estas mujeres nunca volverán a los niveles normales y requieren tratamiento con hormona tiroidea toda la vida.

En los meses siguientes al nacimiento de un niño, los problemas de tiroides se pueden confundir con la depresión posparto. Después del parto es importante mantener las hormonas tiroideas en los niveles correctos para así asegurarse de que las nuevas mamás tienen la energía que necesitan para cuidar de sus bebés.

No sólo las hormonas tiroideas ayudan a hacer frente a las nuevas mamás en el cuidado de sus bebés, pero son cruciales para asegurar que las mujeres embarazadas den a luz bebés sanos. Las mujeres con niveles bajos de hormona tiroidea están en riesgo de dar a luz a niños que tienen retrasos de desarrollo y en las pruebas de coeficiente intelectual (IQ por sus siglas en inglés) una puntuación más baja. Los estudios han demostrado que los niños nacidos de madres con bajos niveles obtuvieron, en promedio, 7 puntos menos en pruebas de inteligencia que los niños cuyas madres tenían niveles normales de la tiroides.

En las primeras 10 semanas después de la concepción, el feto es totalmente dependiente de la madre para proveer las hormonas tiroideas. Estas primeras 10 semanas son un momento crítico en el desarrollo cerebral. Por eso es tan importante que la mamá produzca suficiente para compartir con el bebé.

Es conocido durante mucho tiempo que varios factores influyen en la función tiroidea. Trastornos de la tiroides tienden a darse en familias. El bajo consumo de yodo puede reducir la actividad de la tiroides y la exposición a la radiactividad puede dañar la glándula. Además de estos factores, una investigación más reciente sugiere un papel perjudicial para los siguientes productos químicos en nuestro entorno:

La exposición a los bifenilos policlorados (PCB) en el útero puede llevar a reducciones en el nivel de la hormona tiroidea infantil. Muchos investigadores creen que esto perturba el desarrollo del cerebro y lleva a un menor coeficiente intelectual, además de que los niños serán más propensos a padecer problemas de conducta. De acuerdo con estudios recientes desde la prohibición de los PCB en la década de 1970, los investigadores están encontrando menos casos de desarrollo cerebral anormal ocasionados por estas sustancias químicas.

El triclosán, un químico antibacteriano añadido a jabones, cremas dentales, toallas de baño y muchos otros productos, interfiere con las hormonas tiroideas en las ranas toro de América del Norte, dando lugar a deformidades de las extremidades, según un estudio publicado en la edición de diciembre de 2006, Toxicología acuática (Aquatic Toxicology). Cuando se trata del sistema de la tiroides, las similitudes entre los seres humanos y los anfibios son suficientes para dar a los científicos motivo de preocupación.

Los ftalatos utilizados para ablandar el plástico se ha encontrado que reducen los niveles de la tiroides en los hombres. Estas sustancias químicas se encuentran con frecuencia no sólo en los plásticos, sino también en productos de consumo (en cuya etiqueta puede enumerarse como “perfume”). Debido a que son tan ampliamente utilizados, los ftalatos pueden afectar a un gran número de personas.

El ácido de Perfluorooctanoic (PFOA) es un químico industrial utilizado para hacer utensilios de cocina antiadherente, bolsas de palomitas de microondas, ropa resistente a las manchas, y muchos otros productos. PFOA no se descompone fácilmente y ahora se encuentra en los cuerpos de muchos estadounidenses. La investigación ha vinculado el PFOA a la actividad de la tiroides baja, y algunos estudios en animales han encontrado una asociación entre la exposición al PFOA y los tumores de tiroides en los roedores y los monos.

Los pirorretardantes éteres de difenilo polibromado (PBDE) en varios estudios se encontró que altera la función tiroidea. También se detectan ampliamente en el polvo doméstico, en los órganos de la mayoría de la gente en este país y están vinculados a problemas de comportamiento y desarrollo.
 
El perclorato es una toxina para la glándula tiroides el cual se usa para hacer fuegos artificiales y combustible para cohetes. Existen en todo el país varias áreas de agua subterránea contaminada con perclorato. Este producto químico se puede encontrar en la leche y la lechuga producida en los Estados Unidos, también se encuentra en la leche materna humana. Las mujeres embarazadas que ingieren el perclorato y desarrollan niveles bajos de tiroides están en riesgo de dar a luz a niños con dificultades de desarrollo.

El bisfenol A (BPA) se encuentra en los plásticos y los revestimientos de latas de alimentos, incluso en la fórmula de bebé, puede alterar la función de la hormona tiroidea en el cerebro, lo cual conduce potencialmente al desarrollo del trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Qué puede hacer
Si estás embarazada, pide ser evaluada para los trastornos de la tiroides, tan pronto como sea posible.
Dile a tu ginecólogo si existe una historia familiar de trastornos de la tiroides o trastornos autoinmunes como diabetes juvenil (tipo 1), artritis reumatoide, anemia perniciosa, debido a la falta de vitamina B12 o colitis.
Revise su cuello: para ver cualquier inflamación o dolor en el área de la tiroides.
La mayoría de los estadounidenses consumen suficiente yodo en su dieta, pero si no utilizas sal yodada o comes pescado, puede no ser suficiente. Habla con tu médico acerca de tu consumo de yodo.  

Examina tu agua si sospechas que existe contaminación por perclorato, plaguicidas o herbicidas. Esto es especialmente importante si tomas agua de pozo.

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/trekkyandy/ / CC BY-SA 2.0

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